Tengo una doula.

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Tengo una doula.

Tengo la fortuna de poder tener una doula; una mujer maravillosa que me acompañó durante el embarazo y en mi metamorfosis a mamá.

Muchas veces me planteé parir en casa, sólo yo sé que fueron innumerables (y dios para quien en él o ella crea). Me topé con Ximena en mi camino, y, aunque acabé pariendo en un hospital (con cesárea incluida), mi lactancia no habría sido posible sin ella.

Una doula acompaña en el proceso de la maternidad, afianza tus decisiones, te apoya y te empodera. Además mi doula, es asesora  lactancia materna (de la liga de la leche, quepa decir).

Recuerdo cuando me preguntó que tal comía el bebé, le respondí que fenomenal, que le daban el biberón y se bajaba 40 cc…
Su reacción fue comedida, sólo una pregunta:

¿biberón?

Le dije que sí, que las enfermeras me habían dicho que lo pusiera al pecho antes de éste, pero que al ser cesárea, tardaría 3 o 4 días en subir la leche (o bajar, según quién me lo dijera).

De nuevo de manera calmada, me explicó que si no dejaba de lado la leche de fórmula, no iba a producir el alimento necesario para el bebé, que el cuerpo es muy listo y sabe si debe tener más o menos cantidad de leche para el recién nacido.

Me pasé 48 horas (yo sin dormir) con mi enano pegado a mis tetas, oyendo como las enfermeras me decían que lloraba porque tenía hambre, que debía darle un biberón (lloraba porque estaba habituado a obtener alimento de forma inmediata, en el caso del pecho se hace de forma progresiva, mientras más mame más va produciendo, en función de los requerimientos del niño).

Nunca le estaré suficientemente agradecida por nuestros ahora 7 meses de lactancia materna (hasta casi los 6 meses, exclusiva) y aunque ella diga continuamente que el mérito es mío y de mi “pequeño maestro”, estoy segura de que sin tí, Ximena, no habría sido posible.

Dar teta te hace sentirte “mágica”, poderosa. El saber que tu cachorro se alimenta de ti, es impagable (ya no hablemos de sus beneficios varios a nivel inmunológico).

Si tenéis la opción y/o la oportunidad de tener cerca a una doula y/o a una asesora de lactancia, no dudéis de su eficacia, de su entrega, de su gran corazón, de su vocación (pocas hay que no sean por la vocación más absoluta).

Las embarazadas deberíamos poder disfrutar del embarazo, del parto y de la lactancia sin tener que preocuparnos por estar bien informadas por nuestra cuenta, porque como no se sabe en las manos de que “experto” vamos a caer, debemos leer y preparnos para contrarrestar las burradas que nos dice el mismo personal sanitario; aquellos que deberían ser los primeros en estar plenamente informados al respecto.

En todo centro médico, hospital, maternidad y similar, debería haber alguien con éste tipo de conocimientos.

Tengo una doula, y doy gracias a la vida cada día por haberla puesto en mi camino.

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Gracias por nuestra lactancia, mi querida “talibana de la teta”.

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